Carta 7: El Paciente y el Político

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​​Sinopsis

Escrutopo comienza la Carta 7 rechazando la petición de Orugario de revelarse al paciente. Escrutopo le recuerda a Orugario que la política actual del “Alto Mando del Infierno” es que los demonios permanezcan ocultos e invisibles. Esta política no siempre estuvo en vigor, pero en la sociedad actual la mejor estrategia es crear escépticos. Escrutopo espera que algún día, en lugar de escépticos, los demonios puedan producir lo que él llama “Magos Materialistas”, personas que adoren “fuerzas” sin creer en “espíritus”.

Escrutopo señala que la sociedad moderna tiene una visión “cómica” de Satanás, representado con “mallas rojas”. Él espera que esta caricatura ayude a que el paciente permanezca escéptico ante lo demoníaco. En última instancia, ese escepticismo facilita su corrupción. Luego, Escrutopo le da a Orugario consejos para aprovechar esta situación. Orugario debe llevar al paciente hacia uno de dos extremos: patriota o pacifista. El objetivo es alejar al paciente de una devoción extrema a Dios y animarlo a entregarse con fervor a cualquier otra causa. Escrutopo observa que sería ventajoso para Orugario convertir al paciente en pacifista, debido a la forma en que este percibe la guerra. Sin embargo, ya sea que el paciente se convierta en pacifista o en patriota, el verdadero propósito es que el paciente trate su afiliación política como si fuera parte de su religión. Escrutopo le dice a Orugario que casi habrá ganado si el paciente llega a considerar “El Mundo” como el fin y la “fe [como] un medio”. De esta manera, el paciente terminaría viendo el cristianismo simplemente como “parte de la ‘causa’” debido a los “excelentes argumentos que puede aportar a favor del esfuerzo de guerra británico o del pacifismo”. Orugario debe empujar al paciente a pensar que la justicia social y las causas de la sociedad son más importantes —e incluso más “religiosas”— que la disciplina espiritual y la virtud.

La distorsión del cristianismo según Escrutopo

Escrutopo quiere provocar división dentro de la Iglesia, y una de las maneras en que espera lograrlo es llevar al paciente a escoger uno de los lados de un “extremo”: “Todos los extremos, excepto la devoción extrema al Enemigo, deben ser fomentados.” El paciente puede ser animado a usar el cristianismo como justificación para adoptar una posición dentro de una ideología social, utilizando el evangelio como medio para promover sus propias convicciones sociales. En lugar de someter sus opiniones a la fe cristiana, el paciente debería ser llevado a usar el cristianismo para respaldar asuntos políticos. El desplazamiento del paciente hacia un lado en una postura social o política crea oportunidades de fricción entre quienes sostienen opiniones contrapuestas. Las posturas sociales y las diferencias políticas con frecuencia conducen al odio e incluso pueden escalar hasta la violencia. Este es precisamente el objetivo de Escrutopo: que el paciente llegue a odiar a quienes tienen opiniones sociales o políticas distintas, ya sean incrédulos o creyentes. Escrutopo utiliza la palabra “facción”, que significa “un grupo o camarilla dentro de una organización, grupo o partido más grande.”1 Escrutopo desea crear facciones entre los hijos de Dios. No le molesta que el paciente sea cristiano, siempre y cuando no se acerque más a Dios ni viva conforme a lo que la Escritura manda. Con frecuencia, los cristianos pueden encontrar más puntos en común con los no cristianos que están del “lado correcto” de ciertos temas sociales o políticos que con otros cristianos que están del “lado equivocado”. Algunos creyentes incluso han llegado a cuestionar la fe de otros cristianos preguntando: “¿Cómo puedes ser demócrata (o republicano) y llamarte cristiano?” Es fácil caer en una mentalidad nacionalista “extrema”, donde consignas como “Salvar a América” se priorizan por encima de la misión de la Iglesia y de la vida cristiana, colocando la política o la idea de “crear una mejor sociedad”2 por encima del evangelio. La tentación de seguir un “extremo” no es algo nuevo para la Iglesia. A lo largo de la historia, la Iglesia ha luchado por definir su lugar y su papel en la sociedad. Esto se puede ver, por ejemplo, en las Cruzadas y en el período del movimiento abolicionista. Las Cruzadas fueron una serie de guerras religiosas que comenzaron cuando la Iglesia intentó recuperar la Tierra Santa de los musulmanes. Sin embargo, estas guerras terminaron siendo más una maniobra política que un verdadero intento de extender el evangelio. Durante el período abolicionista3, tanto quienes luchaban contra la esclavitud como quienes la defendían distorsionaban la Escritura para justificar sus acciones. En lugar de considerar la Biblia en su totalidad, los versículos eran y aún son extraídos de contexto para apoyar creencias o metas personales, sociales o políticas. Cuando el cristianismo se utiliza para satisfacer los deseos mundanos de una persona o para legitimar sus acciones, el fundamento de ese deseo no es Dios ni el evangelio; el fundamento es el ego y el orgullo. Satanás quiere que la Iglesia pierda su enfoque y su misión, traer vergüenza sobre ella y dañar su testimonio. En el Antiguo Testamento, Israel deshonró el nombre de Dios al vivir como las naciones paganas, en lugar de ser el pueblo de Dios. Como escribe Pablo:

“Porque, como está escrito, ‘el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes’” (Romanos 2:24).

Las facciones y el odio entre creyentes pueden llevar a que los cristianos sean acusados de ser juzgadores, poco amorosos y faltos de compasión. Cuando colocamos nuestras opiniones sociales y políticas por encima de Dios, caemos en idolatría y nos convertimos en piedra de tropiezo para otros.

Respuesta teológica a Escrutopo

La Iglesia recibió una misión clara en la Escritura. Kevin DeYoung y Greg Gilbert la resumen de esta manera en su libro ¿Cuál es la misión de la Iglesia?:

“La misión de la iglesia es ir al mundo y hacer discípulos proclamando el evangelio de Jesucristo en el poder del Espíritu, y reunir a esos discípulos en iglesias para que adoren al Señor y obedezcan sus mandamientos ahora y por toda la eternidad para la gloria de Dios Padre.”4

La Iglesia está llamada a cumplir la Gran Comisión dada por Jesucristo a sus discípulos:

“Por tanto, vayan y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado.” (Mateo 28:19–20)

Jesús dio la Gran Comisión a sus discípulos como un mandato, no solo para los discípulos originales, sino para todas las iglesias a lo largo de todas las generaciones. Por lo tanto, la Iglesia no debe quedar atrapada en ideologías políticas o sociales que la distraigan con los asuntos del mundo. Debe mantenerse firme en la verdad de la Escritura y del evangelio. El apóstol Pablo animó a Timoteo diciendo:

“Ningún soldado en servicio activo se enreda en los asuntos de la vida civil, para poder agradar a aquel que lo reclutó.” (2 Timoteo 2:4)

Las tareas principales de la Iglesia, según la Gran Comisión, son dar testimonio, hacer discípulos y enseñarles a obedecer los mandamientos de Dios. El enfoque de la Iglesia debe estar en testificar del poder de la resurrección de Cristo y así anunciar las buenas nuevas de Cristo a las almas perdidas. Solo el evangelio de Jesucristo puede liberar a las personas de la opresión espiritual y de la esclavitud del pecado. El verdadero problema humano es el pecado, que es la causa fundamental del racismo, la opresión, las desigualdades económicas, el asesinato, el odio, las guerras y todos los demás problemas sociales y políticos.

Si el pecado no se confronta, todos los intentos de detener o prevenir el mal en el mundo serán, en última instancia, inútiles. La Iglesia debe abordar la raíz del problema en la sociedad, el pecado, y no solo los frutos que produce. Ninguna ley, política pública ni movimiento de justicia social puede resolver el problema fundamental del corazón humano. Jesucristo es la única respuesta y la misión de la Iglesia es dar testimonio al mundo entero de la obra terminada de Jesucristo.

J. Gresham Machen escribió que:

“La verdadera transformación de la sociedad vendrá por la influencia de aquellos que ellos mismos han sido redimidos.”5

La Iglesia debe recuperar la verdadera tarea de la Gran Comisión, que gira en torno a Cristo, su poder y su resurrección. El Dr. Richard Gaffin lo resume así:

“Al cumplir la Gran Comisión, nótese que el actor principal no es la iglesia, sino Cristo. Lo que hace verdaderamente grande a la Gran Comisión no es tanto la magnitud de la tarea que enfrenta la iglesia, sino la grandeza de su Señor, Jesucristo.”6

El evangelio de Jesucristo debe ser vivido y proclamado.

Estrategias contra el consejo de Escrutopo

La Iglesia es misionera porque la cabeza de la Iglesia, Jesucristo, también es misionero (Efesios 5:23). Cristo fue enviado por el Padre para buscar y salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10), y la Iglesia está llamada a continuar esa obra. La Iglesia, es decir, los creyentes, debe asumir esta misión e ir al mundo a hacer discípulos. No hemos sido llamados principalmente a resolver los problemas superficiales del mundo, sino a proclamar el evangelio.

La Escritura también nos exhorta:

“Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.” (Romanos 12:18)

El objetivo de la Iglesia no es ganar debates sociales o políticos para construir una sociedad mejor. No hay ganancia alguna si una persona gana el mundo entero pero pierde su alma (Mateo 16:26). De nada sirve resolver problemas sociales si, al final, las almas terminan en condenación eterna.

Como escribe Escrutopo en la Carta 12:

“De hecho, el camino más seguro al infierno es el gradual: la pendiente suave, bajo los pies, sin giros repentinos, sin hitos, sin señales.”

Cuando el evangelio deja de ser central en nuestra misión, hemos fallado como Iglesia. No debemos buscar ganar debates ni convencer a otros de cuál es la postura política “correcta”. Estamos llamados a mostrarles que la verdadera salvación se encuentra únicamente en Jesucristo.

Conclusión

Detente un momento y considera esto: si alguien creyente o no creyente te preguntara: “¿Quién eres?”, ¿Cuál sería tu primera respuesta? Dependiendo del contexto, la respuesta podría cambiar si la identidad prioritaria no es “hijo de Dios”. En la sociedad actual, la identidad social se considera esencial y afirmarla se ha vuelto casi obligatorio. Sin embargo, la Escritura nos enseña que en Cristo hemos recibido una nueva identidad, superior a cualquier identidad terrenal:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

Cuando priorizamos cualquier identidad por encima de Cristo, estamos creando una jerarquía personal en la que Dios queda después de nosotros mismos.

En conversaciones con otros creyentes o con personas que nos conocen desde hace mucho tiempo, puede resultar fácil poner en segundo plano nuestra nueva identidad en Cristo. Tal vez asumimos que los demás ya saben que somos cristianos y que no es necesario enfatizarlo. Sin embargo, si nuestra identidad principal no es Cristo incluso entre creyentes y personas cercanas, ¿cómo podremos mantener una identidad centrada en Cristo frente a extraños o no creyentes? Nuestra identidad en Cristo debe ser siempre vivida, practicada y priorizada.

  1. Mondo Gonzales, The Screwtape Letters: Study Guide & Commentary (Xulon Press Maitland, FL, 2021), 66. ↩︎
  2. Se hablará más sobre la Iglesia y la sociedad en el artículo correspondiente a la Carta 23. ↩︎
  3. El abolicionismo, también conocido como el movimiento abolicionista, fue un movimiento que buscaba poner fin a la esclavitud, a la trata transatlántica de esclavos y a la esclavización.  Fuente: https://www.history.com/topics/black-history/abolitionist-movement ↩︎
  4. Kevin Deyoung & Greg Gilbert What is the Mission of the Church? Making Sense of Social Justice, Shalom, and the Great Commission (Crossway Wheaton, ILL, 2011), 62. ↩︎
  5. J. Gresham Machen Christianity & Liberalism (Wm. B. Eerdmans Pub. 2009), 134. ↩︎
  6. Richard B. Gaffin, Jr The Great Commission Convocation, September 10, 1998. ↩︎

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