Cornelius Van Til y el Mito de la Neutralidad

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Introducción: Por qué la “neutralidad” es la ilusión moderna

Muchos creen que están buscando la verdad desde un punto neutral, convencidos de que llegarán a donde “los hechos” los lleven. Pero la neutralidad es una ilusión. Dicen cosas como: “Yo soy objetivo. Yo solo sigo los hechos”.

En gran parte de América Latina, el secularismo se presenta como si fuera “neutral” y libre de prejuicios, mientras acusa a los cristianos de ser los únicos que parten de creencias. En las escuelas y universidades, por ejemplo, se afirma que la educación es “laica” y por tanto objetiva, pero al mismo tiempo se enseñan presupuestos profundamente religiosos: que solo existe lo material, que cada individuo define su propia moral y que la razón humana es la autoridad final. Del mismo modo, en los medios y en la conversación popular se oye: “Yo no tengo religión, yo solo sigo los hechos”, como si rechazar una iglesia significara no tener una cosmovisión. Sin embargo, esa postura ya es una cosmovisión: una fe en la autonomía humana. Así, el secularismo se presenta como sentido común, mientras clasifica a la fe cristiana como sesgo, sin reconocer que él también interpreta la realidad desde sus propias creencias.

Una de las bellezas del método apologético de Cornelius Van Til es su claro rechazo de la neutralidad. Van Til nos recuerda que todo ser humano se acerca a la realidad con una cosmovisión ya formada, construida por compromisos profundos, amores y presuposiciones. Nadie evalúa la verdad desde un punto de partida vacío y objetivo.

II. La visión fundamental de Van Til: Nunca somos neutrales

A. La distinción Creador–criatura

En el corazón de la apologética de Van Til está la verdad fundamental de la distinción entre Creador y criatura. Van Til enseña que todo conocimiento humano es conocimiento de criatura: dependiente, limitado y pactal. Dios no se reveló solamente para informarnos, sino para unirnos a Él en pacto. Su revelación pone a toda persona bajo obligación: conocerlo, adorarlo y obedecerlo. Y como dijo R. C. Sproul, vivimos coram Deo—delante del rostro de Dios. El ser humano no puede escapar de Dios porque Dios se ha revelado claramente en la creación, en la conciencia y, sobre todo, en Su Palabra.

Por eso Van Til insiste en que nunca nos acercamos al conocimiento de manera autónoma. Como dijo de manera célebre: “somos reinterpretadores de la interpretación de Dios”. Dios ya interpretó el mundo que Él mismo hizo; nuestra tarea como criaturas es recibir, someternos y pensar Sus pensamientos después de Él. No creamos significado—reconocemos el significado que Dios ya puso allí. No comenzamos desde la razón autónoma; comenzamos como portadores de Su imagen.

Por lo tanto, todo conocimiento inicia con Dios: “Nuestra sabiduría, en cuanto debe ser tenida por verdadera y sólida, casi toda consiste en dos partes: el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos” (Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 1.1.1).

B. La supresión de la verdad (Romanos 1)

Uno de los pasajes favoritos de Van Til para citar es Romanos 1:18–24. Allí, Van Til ve que la incredulidad no es ignorancia sino supresión activa. El ser humano, por su amor al pecado, suprime de manera voluntaria el conocimiento de Dios.

“Es principalmente en este hecho, que los hombres conocen y no viven conforme a lo que conocen, que Pablo ve la mayor insensatez. Aunque conocían a Dios, no lo glorificaron. Detienen la verdad que está en ellos y alrededor de ellos. […] Dios muestra su ira porque los hombres detienen la verdad con injusticia.”
(Cornelius Van Til, An Introduction to Systematic Theology)

Esto hace que la neutralidad sea imposible: o nos sometemos a la interpretación autoritativa de Dios, o la rechazamos sustituyéndola por nuestra propia reinterpretación autónoma. La humanidad se divide entre guardadores del pacto y quebrantadores del pacto, sin un punto neutral en el medio.

III. Dos puntos de partida: Sumisión o autonomía

A. El punto de partida del creyente: la revelación de Dios

Para el cristiano, el punto de partida de todo conocimiento es la revelación de Dios. Como declara Proverbios 1:7: “El temor del Señor es el principio de la sabiduría”. La verdadera sabiduría no inicia con la autonomía humana sino con una humilde reverencia delante de Dios.

Van Til resumía esto diciendo que el conocimiento es “pensar los pensamientos de Dios después de Él”. Nuestra tarea no es inventar la verdad sino someter cada pensamiento, cada hecho y cada conclusión al Dios que interpreta todas las cosas con autoridad.

Por eso 1 Pedro 3:15 nos ordena: “santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones”. Santificar a Cristo es reconocerlo como supremo—Su Palabra, Su autoridad, Su interpretación por encima de todas las demás. El conocimiento de Dios no es una verdad entre muchas; es la base que da significado a todas las demás verdades. En Cristo, “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3). El cristiano no pretende ser neutral; confiesa abiertamente su fundamento.

B. El punto de partida del incrédulo: el yo como autoridad última

Muchos suponen que la autonomía humana es neutral, pero nadie es realmente neutral. Cada persona tiene compromisos últimos—creencias o presuposiciones que moldean cómo interpreta la realidad. Estas creencias funcionan como lentes que filtran todos los hechos, experiencias y argumentos.

No somos como John Locke imaginaba, naciendo como una “tabla rasa”; desde el inicio cada ser humano aborda el mundo con un marco de valores, amores y supuestos. Para el incrédulo, el yo se convierte en la autoridad final, y el conocimiento se filtra a través de la autonomía humana en lugar de la sumisión a la revelación divina.

Incluso cuando el incrédulo cree que piensa de forma independiente, Van Til muestra que la incredulidad suprime a Dios mientras se apoya en Sus dones—la lógica, la moralidad y el orden creado—para poder entender la realidad.

IV. El “terreno común” no es terreno neutral

A. Un mundo compartido, interpretaciones contradictorias

Cristianos e incrédulos viven en el mismo mundo, pero lo interpretan de maneras distintas. Cada persona ve la realidad a través de sus compromisos últimos—no existe una perspectiva realmente neutral.

Como recuerda Romanos 3:10–12:

“No hay justo, ni siquiera uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios…”

Nadie busca a Dios por sí mismo; toda interpretación del mundo está moldeada por sumisión o por rebelión. Como vivimos en el mundo de Dios, todos los hechos le pertenecen a Él y se interpretan dentro de Su creación. No existen “hechos desnudos”; los hechos siempre están dentro de un marco de significado, reconocido o suprimido.

V. El mito de la educación, la ciencia y la moral “neutrales”

A. Las escuelas “neutrales” no son neutrales

Las escuelas suelen afirmar neutralidad, pero en la práctica asumen que el ser humano es la medida final de la verdad. Eso ya es una postura teológica porque coloca la razón humana por encima de la revelación divina. Como recuerda Van Til, en el momento en que un sistema rechaza a Dios como fuente del conocimiento, ha adoptado una cosmovisión rival.

B. La ciencia “neutral” no es neutral

La ciencia moderna opera como si el naturalismo fuera un punto de partida incuestionable—suponiendo que solo existe lo material, que la naturaleza es uniforme y que la mente humana es confiable. Pero cada una de esas ideas es capital prestado del cristianismo, que sí provee el fundamento para un universo ordenado y una mente lógica.

La ciencia no es neutral; se sostiene sobre presuposiciones acerca de la realidad, el orden y el significado.

C. La moral “neutral” no es neutral

Toda moralidad se apoya en algo—ya sea la preferencia humana, el consenso cultural o la revelación divina. La pregunta nunca es si una cosmovisión está operando, sino cuál cosmovisión está influyendo el juicio moral. Cuando la sociedad afirma una moralidad “neutral”, simplemente está ocultando las creencias que ya adoptó.

VI. La tarea apologética: Exponer el mito y presentar la verdad

A. Mostrar al incrédulo sus propias presuposiciones

El incrédulo cree que opera solo con la razón, pero su supuesta “autonomía” ya es una presuposición. Van Til muestra que la autonomía no es neutral—es rebelión contra la autoridad de Dios.

B. Presionar la antítesis

Las cosmovisiones cristiana y no cristiana son opuestas en sus fundamentos. Cuando se llevan a sus conclusiones lógicas, las cosmovisiones incrédulas no pueden explicar el significado, la moral ni la racionalidad sin tomar prestado del cristianismo. Esta tensión exhibe la bancarrota de la autonomía.

C. Presentar el evangelio como el único fundamento del conocimiento

La cosmovisión cristiana inicia con el Dios trino, fuente de verdad, lógica y significado. Solo al reconocer Su revelación, los hechos, la moral y la razón tienen sentido. Por eso, la apologética debe llevar a Cristo—no como un añadido, sino como el fundamento de todo conocimiento.

VII. Conclusión — La neutralidad es un mito, pero la verdad no

Invita al lector a cuestionar la suposición moderna de que alguien puede acercarse a la verdad “objetivamente” o “neutralmente”. El insight de Van Til revela el punto central: toda persona interpreta la realidad desde una cosmovisión. Solo la fe cristiana ofrece el fundamento verdadero que hace posible el conocimiento, la moralidad y el significado—y llama a todos a someterse al Dios que ha hablado.

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