Sinopsis
Escrutopo comienza la Carta 3 con júbilo ante la tensa relación entre “el paciente” y su madre, animando a Orugario a aprovecharla a su favor. Escrutopo ofrece una buena teología al señalar que Dios: “El Enemigo debe estar trabajando desde el centro hacia el exterior, haciendo cada vez mayor la parte de la conducta del paciente que se rige por sus nuevos criterios cristianos”, mostrando así cómo Dios santifica el corazón del creyente. Escrutopo teme que este proceso produzca un cambio progresivo en la manera en que el paciente trata a su madre, por lo que aconseja a Orugario infiltrarse en esa relación antes de que ocurra cualquier transformación positiva.
Escrutopo y exhorta a Orugario a mantener al paciente convencido de que su conversión no es un cambio espiritual, sino algo estrictamente intelectual:
Cree que su conversión es algo que está dentro de él, y su atención está, por lo tanto, volcada, de momento, sobre todo hacia sus propios estados de ánimo, o, más bien, a esa versión edulcorada de dichos estados que es cuanto debes permitirle ver.
Además, Escrutopo señala que los deberes más básicos del cristianismo deben ser ignorados en favor de supuestas tareas espirituales más avanzadas, aprovechando “la característica humana más útil: el horror y el descuido de lo obvio”. Al inducir al paciente a esta mentalidad, podrá examinarse a sí mismo durante horas sin percibir los defectos que resultan evidentes para todos los que lo rodean.
Escrutopo le muestra a Orugario cómo puede inducir al paciente a permanecer ciego ante su propio pecado mientras se vuelve crítico con su madre, lo cual influirá incluso en sus oraciones por ella. Estas oraciones deben enfocarse en las suposiciones del paciente acerca de la espiritualidad de su madre y en lo que él percibe como su pecado:
En primer lugar, su atención se mantendrá fija en lo que él considera pecados de su madre, lo cual, con un poco de ayuda por tu parte, puede conseguirse que haga referencia a cualquier acto de su madre que a tu paciente le resulte inconveniente o irritante”. Esta actitud puede incrementar la frustración del paciente hacia su madre, mientras ora por un sustituto imaginario: “ya que sus ideas acerca del alma de su madre han de ser muy rudimentarias, y con frecuencia equivocadas, rezará, en cierto sentido, por una persona imaginaria, y tu misión consistirá en hacer que esa persona imaginaria se parezca cada día menos a la madre real.
Escrutopo también explica que este enfoque distorsionado, aplicado a las conversaciones y discusiones, puede generar un doble estándar. El paciente debe ser llevado a esperar que su madre tome sus palabras de manera literal, mientras él evalúa las palabras de ella con “Tu paciente debe exigir que todo cuanto dice se tome en sentido literal, y que se juzgue simplemente por las palabras exactas, al mismo tiempo que juzga cuanto dice su madre tras la más minuciosa e hipersensible interpretación del tono, del contexto y de la intención que él sospecha.”. Si se maneja correctamente, el paciente podrá salir de cada interacción convencido de su propia inocencia. Escrutopo concluye señalando que cualquier ser humano puede ser tentado a un estado en el que dice deliberadamente algo ofensivo y, al mismo tiempo, se ofende cuando sus propias palabras son tomadas como tales. Esto ocurre cuando los puntos ciegos frente al pecado personal y el doble estándar se convierten en hábitos.
La distorsión del cristianismo por parte de Escrutopo
Escrutopo instruye a Orugario para persuadir al paciente de que la santificación es sólo acerca de su intelecto. Mientras el paciente crezca en conocimiento mental que no se traduzca en ningún cambio externo, estaremos bien. Mantenlo leyendo su Biblia, asistiendo a la iglesia y escuchando grandes sermones. Mientras esas cosas no produzcan un cambio de corazón que lo haga vivir para Dios. Hazle creer que la santificación y el crecimiento en Cristo se centran estrictamente en tener una buena teología y una doctrina sana. Pero no hagas que su teología y su buena doctrina lo hagan cambiar de conducta. Primero, Escrutopo sabe que el impacto de una persona que vive piadosamente también afectará a su madre.
“El Enemigo debe estar trabajando desde el centro hacia el exterior, haciendo cada vez mayor la parte de la conducta del paciente que se rige por sus nuevos criterios cristianos y puede llegar a su comportamiento para con su madre en cualquier momento.”
Me imagino a Orugario pensando en (1 Corintios 15:33) ‘No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres».” Lo opuesto también es cierto: las buenas compañías ayudan a las buenas costumbres.Si Orugario puede tener éxito en esto, entonces puede distorsionar la visión del paciente sobre la santificación. Haciendo que el paciente no se autoexamine al ser moralista y haciéndolo concentrarse en las deficiencias de los demás.
“Para mantener vivo este juego, tú y Globoso debéis cuidaros de que cada uno de ellos tenga algo así como un doble patrón de conducta. Tu paciente debe exigir que todo cuanto dice se tome en sentido literal, y que se juzgue simplemente por las palabras exactas, al mismo tiempo que juzga cuanto dice su madre tras la más minuciosa e hipersensible interpretación del tono, del contexto y de la intención que él sospecha.”
Si Escrutopo puede convencer al paciente de que la santificación se limite a su conocimiento intelectual, entonces puede convencer al paciente de que no se mire a sí mismo. Eso es exactamente lo que Escrutopo quiere: “Debes conducirle a un estado en el que pueda practicar el autoanálisis durante una hora, sin descubrir ninguno de aquellos rasgos suyos que son evidentes para cualquiera que haya vivido alguna vez en la misma casa o haya trabajado en la misma oficina.”
Escrutopo quiere que el paciente sea de doble ánimo e hipócrita: “He tenido pacientes tan bien controlados que, en un instante, podía hacerles pasar de pedir apasionadamente por el “alma” de su esposa o de su hijo a pegar o insultar a la esposa o al hijo de verdad, sin el menor escrúpulo.”
Al hacer que sea así, Escrutopo puede afectar su testimonio del evangelio y traer vergüenza y daño a la iglesia. Escrutopo muestra que es posible que las personas tengan una buena teología, pero no la reflejen en sus vidas.
Una respuesta teológica al consejo de Escrutopo
En la Carta 3 de Las Cartas del Diablo a su Sobrino aparecen varios temas teológicos importantes, entre ellos la oración y la autojustificación; sin embargo, el tema central es la santificación. La Escritura enseña que la santificación comienza en el corazón de quienes pertenecen a Cristo. El Catecismo Menor de Westminster (Pregunta 35) define la santificación como
“la obra de la gracia libre de Dios, por la cual somos renovados en todo nuestro ser a la imagen de Dios, y somos capacitados cada vez más para morir al pecado y vivir para la justicia”.
Los creyentes, por la gracia de Dios y mediante el poder del Espíritu Santo, son capacitados para vivir cada vez más conforme a Cristo. La santificación es tanto definitiva como progresiva.
La santificación definitiva es “un acto definitivo, de una vez y para siempre”,1 mediante el cual el creyente es hecho santo (1 Co. 1:2; 6:11; 2 Ti. 2:21)2 por su unión con Cristo en Su muerte y resurrección (Ro. 6:6–12). Los creyentes han muerto al pecado y “ya no son esclavos del pecado” (Romanos 6:6, 17–18). Han sido liberados del dominio del pecado (Romanos 6:18, 22; cf. 6:7) por su unión con Cristo. El pecado que habita en nosotros ha sido crucificado con Cristo y ya no es nuestro amo (Romanos 6:14). Ahora los creyentes tienen un nuevo Señor y Rey: Jesucristo. El apóstol Pablo exhorta: “No reine,3 pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal” (Romanos 6:12). Charles Hodge señala que reinar “significa ejercer autoridad sin control”.4
El pecado no debe seguir reinando en nuestras vidas porque, como creyentes, su poder ha sido derrotado y Cristo se sienta en el trono de nuestras almas. Por lo tanto, “no debemos ceder ante este adversario destronado de Cristo y del alma, sino luchar con firmeza contra sus intentos de volver a dominarnos y llevarnos nuevamente a la esclavitud”.5 Hemos recibido poder para resistir la tentación porque Cristo reina en nosotros. Aunque el pecado y Satanás continúan intentando ejercer dominio, no podrán hacerlo, pues han sido destronados. Este proceso de destronamiento es gradual y, por eso, hablamos de santificación progresiva.
La santificación progresiva es un proceso que requiere tiempo y se desarrolla en el corazón y la vida de todos los creyentes. Esta es la obra continua de la gracia de Dios, mediante la cual Él capacita a los creyentes para dar muerte al pecado en sus vidas y conformarlos cada vez más a la imagen de Cristo (Ro. 8:29; 2 Co. 3:18). Esta obra tiene su raíz en la regeneración, donde Dios concede a los creyentes un corazón nuevo6 (Ez. 36:26). Esta regeneración produce nuevos deseos y un cambio progresivo que dura toda la vida.
Los creyentes pasan de ser enemigos de Dios (Ro. 1:30) a amar a Dios (1 Jn. 4:19). Comienzan a deleitarse en la ley de Dios (Sal. 1:2; 40:8; Ro. 12:2), son guiados a caminar en el Espíritu (Ro. 8:14; Gá. 5:16, 25) y reciben la capacidad de no satisfacer los deseos de la carne (Ro. 8:5, 13; Gá. 5:16). A los creyentes se les concede un corazón nuevo (Ez. 36:25–27) y una mente renovada (Ro. 12:1–2), una mente que conduce al arrepentimiento, a un cambio en las creencias (2 Co. 7:10–11) y a una transformación visible en la conducta (Lc. 3:8–14; 1 Jn. 5:2–3).
Estrategias contra el consejo demoníaco de Escrutopo
La santificación, como reconoció Louis Berkhof, “es una obra sobrenatural de Dios”7 que el Espíritu Santo lleva a cabo en los creyentes. Aunque “es esencialmente una obra de Dios”, Él “emplea medios, y el ser humano puede y debe cooperar mediante el uso adecuado de estos medios”.8 En la fe reformada, estos medios suelen llamarse “los medios de gracia”. El Catecismo Menor de Westminster (Pregunta 88) enseña que los medios de gracia son la Palabra de Dios, los sacramentos y la oración. Los creyentes están llamados a usar estos tres medios de gracia para crecer en su proceso de santificación.
La Palabra de Dios es de suma importancia para la santificación del creyente. Somos llamados a leer y oír la Palabra, pero la tentación es reducirla a un mero conocimiento intelectual. Escrutopo quiere que Orugario confunda al paciente sobre el proceso de santificación y lo tiente a estar “enfocado únicamente en lo que piensa y cree”.9
A los cristianos a veces se les acusa de estar “más preocupados por el credo que por la conducta”.10 Sin embargo, la Palabra de Dios debe pasar de la mente al corazón y expresarse en acciones. Una manera de lograr esto es mediante la meditación en la Palabra de Dios (Sal. 1). Al meditar en la Palabra, los creyentes comienzan a “atesorar” la Palabra en su corazón, “para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). La Palabra de Dios es nuestra guía (Sal. 119:105). Nos enseña a no ignorar las formas sutiles en que Satanás ataca (2 Co. 2:11) y nos instruye sobre cómo resistirlo (Stg. 4:7; 1 P. 5:9). Debido a nuestra unión con Cristo, los creyentes reciben la capacidad de decir no al pecado y resistir las tentaciones de Satanás, debilitando así su ataque.
El tercer medio que nos ayuda a crecer en santificación es la oración.11 R.C. Sproul afirma que
“La oración impulsa y nutre la obediencia, colocando el corazón en el estado adecuado para desear obedecer”.12
La falta de oración conduce a una falta de crecimiento en la santificación. Sproul señala que “el secreto de la santidad”13 es la oración. En el huerto de Getsemaní, Jesús les dijo a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mt. 26:41). Sin embargo, ellos se durmieron y no estuvieron preparados para el arresto de Jesús. En lugar de usar armas espirituales para cumplir el propósito de Dios (2 Co. 10:4), recurrieron a medios carnales (2 Co. 10:3). Como resultado, los discípulos huyeron y abandonaron a Jesús (Mt. 26:56). Pedro, en su resistencia, cortó la oreja de un soldado (Lc. 22:50; Jn. 18:10) y más tarde negó a Jesús tres veces (Mt. 26:69–75; Lc. 22:54–62). Sin la guía y la fortaleza de Dios, recibidas por medio de la oración, la tentación nos atacará cuando estemos más vulnerables. Si no estamos vigilantes en áreas clave de nuestra vida espiritual, como la oración y el estudio de la Palabra, bajamos la guardia y nos volvemos blancos fáciles para los ataques de Satanás (1 P. 5:8).
Conclusión
La santificación es un cambio interno que nos une a Cristo y produce un cambio externo conforme a la piedad. Antes de la conversión, estamos muertos en nuestros delitos y pecados y somos incapaces de hacer el bien (Ef. 2:1–2). Después del arrepentimiento y la justificación, el Espíritu Santo entra en el corazón del creyente, y este ya no vive bajo el dominio del pecado como su amo. Al ser liberados del poder del pecado y gracias a la obra del Espíritu Santo en nosotros, podemos dar buen fruto.
Dios obra en nuestro interior para transformar nuestros deseos, prioridades y manera de ver la vida (Ro. 12:1–2). Como señala Berkhof, estas obras “son frutos de un corazón regenerado, pues sin esto nadie puede tener la disposición (para obedecer a Dios) ni el motivo (para glorificar a Dios)”. Podemos vivir vidas agradables a Dios (Ro. 6:10), vidas en las que resistimos la tentación y no vivimos dominados por el pecado, vidas que ya no viven “para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios” (1 P. 4:2). Podemos presentar nuestros miembros como esclavos de la justicia, lo cual conduce a la santificación (Ro. 6:19).
- John Murray collected writings Vol.2 (East Peoria, IL: The Banner of Truth Trust), 277.
↩︎ - La santificación definitiva se refiere al aspecto posicional del creyente, en el que es declarado santo (apartado para Dios). Esto se distingue de la justificación, en la que el creyente es declarado justo (en una relación correcta ante Dios). La justificación es un acto judicial mediante el cual el creyente es declarado inocente y ya no se encuentra bajo la condenación de Dios (Ro. 8:1).
Según Louis Berkhof, “la justificación es la base judicial de la santificación” (Louis Berkhof, Teología Sistemática [Banner of Truth, Edimburgo, EH, 2021], 558). Por lo tanto, la justificación precede a la santificación. ↩︎ - Lo que Pablo quiere decir con reinar es que alguien gobierna, domina o ejerce control sobre otra persona. ↩︎
- Charles Hodge, Commentary on The Epistle to The Romans, 201. ↩︎
- Ibid ↩︎
- La Biblia usa con frecuencia el corazón para hablar de los deseos. Cuando un creyente viene a Cristo, se le da un nuevo corazón y un nuevo deseo. Esto significa que los creyentes ahora pueden buscar y amar a Dios (Deut. 6:5) y las cosas que provienen de Él. ↩︎
- Louis Berkhof, Systematic Theology (Banner of Truth, Edinburgh, EH, 2021), 554.
↩︎ - Ibid. ↩︎
- Mondo Gonzales, The Screwtape Letters: Study Guide & Commentary (Xulon Press Maitland, FL, 2021), 33. ↩︎
- Ibid ↩︎
- Se profundizará más en la oración en la Carta 4. ↩︎
- R. C. Sproul, Does Prayer Change Things? (Reformation Trust Publishing, Ligonier Court, Sanford, FL, 2009), 1.. ↩︎
- Ibid., 3. ↩︎

