Carta #2 La Iglesia. Realidad versus expectativas; desilusión y decepción

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Sinopsis

“Yo no voy a la iglesia porque está llena de hipócritas” es una frase que muchos repiten cuando creen que la iglesia o los cristianos no cumplen con sus propios estándares de lo que debería ser el cristianismo. En la carta 2, el “paciente” de Orugario es un cristiano nuevo. El objetivo de Escrutopo cambia: ya no es simplemente fomentar la ignorancia espiritual del paciente, sino seducirlo para que se aleje de Dios y se acerque más a la “casa de su padre”.

A partir de este punto, Escrutopo anima a Orugario a distorsionar el concepto que el paciente tiene del cristianismo, comenzando con la iglesia, tanto como institución como en cuanto al pueblo de Dios. Escrutopo le dice a Orugario: En la actualidad, la misma Iglesia es uno de nuestros grandes aliados.”1

 Sin embargo, Escrutopo no se refiere a la iglesia eterna e invisible, sino a la iglesia visible, terrenal e imperfecta, a la cual presenta como aliada para la tentación: 

No me interpretes mal; no me refiero a la Iglesia de raíces eternas, que vemos extenderse en el tiempo y en el espacio, temible como un ejército con las banderas desplegadas y ondeando al viento.2

Escrutopo instruye a Orugario para que dirija la atención del paciente hacia la iglesia física: el edificio, los libros y las personas sentadas en las bancas. Dice: 

“Porque tu paciente, gracias a Nuestro Padre de las Profundidades, es un insensato, y con tal de que alguno de esos vecinos desafine al cantar, o lleve botas que crujan, o tenga papada, o vista de modo extravagante, el paciente creerá con facilidad que, por tanto, su religión tiene que ser, en algún sentido, ridícula.”3

Escrutopo anima a Orugario a enfocarse principalmente en las fallas de los demás cristianos, ya que la iglesia visible nunca cumplirá con las falsas expectativas del paciente. La brecha entre los estándares del paciente y la realidad de los demás cristianos y de la vida cristiana producirá decepción y desilusión hacia la iglesia y hacia el cristianismo. Escrutopo advierte a Orugario:

“En tal caso, te basta con evitar que se le pase por la cabeza la pregunta: “Si yo, siendo como soy, me puedo considerar un cristiano, ¿por qué los diferentes vicios de las personas que ocupan el banco vecino habrían de probar que su religión es pura hipocresía y puro formalismo?’”4

En lugar de eso, Escrutopo le ordena a Orugario tentar al paciente con una falsa humildad por asistir a la iglesia junto a “tiene una idea de los “cristianos” que considera muy espiritual, pero que, en realidad, es predominantemente gráfica: tiene la cabeza llena de togas, sandalias, armaduras y piernas descubiertas, y hasta el simple hecho de que las personas que hay en la iglesia lleven ropa moderna supone, para él, un auténtico (aunque inconsciente, claro está) problema.”, y mantenerlo en esa actitud el mayor tiempo posible.

La distorsión del cristianismo por parte de Escrutopo

Escrutopo le dice a Orugario que la iglesia puede servir como un gran aliado para lo demoníaco y que debe usarla para distorsionar la manera en que el paciente ve tanto a la iglesia como al cristianismo. Los creyentes están en un proceso de santificación5 y no alcanzarán la perfección en esta vida; por lo tanto, fallarán, ofenderán y causarán heridas a otros. Escrutopo señala que 

Todos los hábitos del paciente, tanto mentales como corporales, están todavía de nuestra parte.

Orugario debe esforzarse por mantener al paciente enfocado en las fallas de los demás asistentes a la iglesia:

“Te trae cuenta poner énfasis en estos vecinos, haciendo, por ejemplo, que el pensamiento de tu paciente pase rápidamente de expresiones como ‘el cuerpo de Cristo’ a las caras de los que tiene sentados en el banco de al lado.”

Escrutopo quiere que Orugario se aproveche de la idea que el paciente tiene de la iglesia, una idea probablemente influida por la visión del mundo sobre cómo debería ser y verse la iglesia. Una acusación común que el mundo hace contra la iglesia es que, muchas veces, no vive de acuerdo con lo que enseña y dice creer.

Además, Escrutopo anima a Orugario a sacar provecho de las pruebas propias de la vida cristiana:

“Trabaja a fondo, pues, durante la etapa de decepción o anticlímax que, con toda seguridad, ha de atravesar el paciente durante sus primeras semanas como hombre religioso. 

Algunos dentro de la iglesia tienen una visión idealizada o romántica de la vida cristiana; sin embargo, cuando sus expectativas no coinciden con la realidad, suelen desanimarse. Jesús ilustra esto en la parábola del sembrador, donde algunos reciben el evangelio con entusiasmo, pero las dificultades de la vida los llevan a apartarse. Él explica: ‘Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida se aparta de ella.’ (Mateo 13:20–21).

Orugario debe intentar aprovechar ese sentimiento de decepción para sembrar duda. Sin embargo, Escrutopo le advierte que tenga cuidado. El “Enemigo” (Dios) permite esta decepción como una prueba mediante la cual el paciente puede crecer en su santificación y volverse más difícil de tentar:

 “Ahí está nuestra oportunidad; pero también, tenlo presente, nuestro peligro: una vez que superan con éxito esta aridez inicial, los humanos se hacen menos dependientes de las emociones y, en consecuencia, resulta mucho más difícil tentarles.” 

Este período es crucial para Orugario, pues Dios usa las dificultades para probar la fe del paciente y llevarlo a depender más de Él y menos de sí mismo. Por eso, Orugario debe aprovechar este tiempo para lanzar “dardos de fuego” de duda contra el paciente (Efesios 6:16), con la esperanza de traerlo de regreso a la casa de su padre (Satanás).

Una respuesta teológica al consejo de Escrutopo

La Confesión de Fe de Westminster (CFW 25.1) describe la iglesia invisible como “el número total de los escogidos que han sido, son o serán reunidos en uno, bajo Cristo como su Cabeza”. La iglesia invisible es el verdadero pueblo escogido de Dios: todos los creyentes de todos los tiempos, por toda la eternidad. La CFW define la iglesia visible como la forma física del cuerpo de los fieles (1 Corintios 12:27; Efesios 2:21–22; Apocalipsis 21:2, 9), compuesta por quienes en todo el mundo profesan externamente la fe en Cristo, junto con sus hijos (CFW 25.2). La iglesia visible es la manifestación física de la invisible. No son dos iglesias distintas, sino dos aspectos de una misma iglesia bajo una sola Cabeza: Cristo (Efesios 4:4–6).7

Mientras la iglesia espera la venida del Señor, en ella habrá tanto creyentes verdaderos como falsos. Juan Calvino escribió que “mientras la iglesia peregrina en este mundo, los buenos y sinceros estarán mezclados con los malos y los hipócritas”.8 Jesús mismo dice que dentro de la iglesia hay tanto trigo como cizaña (Mateo 13:24–30). La cizaña son los hijos del maligno: hipócritas9 y mentirosos, sembrados por el enemigo, el diablo. El trigo, en cambio, es el escogido de Dios. Dios permite que tanto la cizaña como el trigo crezcan juntos dentro de la iglesia. Sin embargo, la cizaña no es la única que peca dentro de la iglesia; el trigo también falla muchas veces al no vivir conforme a una vida piadosa. Los creyentes continuarán luchando contra el pecado (Gálatas 5:17; 1 Juan 1:8) y quedándose cortos (1 Juan 2:1) mientras crecen en santificación. Aunque la iglesia es poderosa en su mensaje del evangelio, sus miembros siguen siendo propensos a pecar y a caer en la tentación. Tanto la cizaña como el trigo pueden causar dolor y heridas en la iglesia, llevando a algunos a dudar de la autenticidad de quienes están en ella. Los cristianos solo pueden vivir vidas santas por el poder del Espíritu Santo y la gracia de Dios (2 Corintios 12:9; 1 Pedro 1:13).

En todas las épocas, la iglesia visible ha sido imperfecta porque está compuesta por personas imperfectas. Martín Lutero dijo que los cristianos son simul justus et peccator (latín para “simultáneamente justos y pecadores”). La Escritura enseña que, si confesamos nuestros pecados y recibimos a Cristo como Salvador (Juan 1:12), somos declarados justos (“justificados”; Romanos 3:28; 5:1). Una vez que los creyentes son hechos y declarados justos, comienzan un proceso de madurez llamado santificación, en el cual crecen en su rechazo al pecado. La santificación es un proceso de toda la vida y no alcanzaremos la perfección hasta que seamos glorificados en el cielo (Romanos 8:29; Filipenses 1:6; 2 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 2:21).

Muchos de los que abandonan la iglesia han experimentado heridas personales, y la “iglesia” termina convirtiéndose en el culpable ofensivo. Satanás puede aprovechar ese daño para afectar a los creyentes y alejar a los incrédulos de la iglesia. Escrutopo quiere que el paciente se enfoque en las fallas de la iglesia y de sus miembros. Quiere que Orugario mantenga la mente de la paciente confundida respecto a lo que él esperaba que fueran y cómo se vieran quienes asistieran a la iglesia.

La Biblia habla de pruebas que ponen a prueba la autenticidad de la fe: 

En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo. (1 Pedro 1:6).

Así como el fuego refina el metal, Dios usa las pruebas10 para probar la autenticidad de la fe y refinar la fe de los creyentes. Dios probará nuestra fe porque la fe en Él es fundamental; el apóstol Pedro dice que la fe es más valiosa que el oro. La fe no es un deseo sin fundamento ni una esperanza vacía; “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe es crucial porque está profundamente ligada a nuestra relación con Dios y afecta la manera en que lo vemos (Hebreos 11:6) y cómo nos relacionamos con Él.

Estrategias contra los consejos demoníacos de Escrutopo

El apóstol Pablo nos recuerda que “no tenemos lucha contra sangre y carne [seres humanos], sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). En esta era de materialismo, puede resultar difícil reconocer al diablo y a sus demonios como enemigos reales. Satanás puede usar a los seres humanos como instrumentos para cumplir sus propósitos (1 Crónicas 21:1; Job 1:15; Mateo 16:23; Juan 13:2); sin embargo, nuestra verdadera batalla es contra el mundo,11 la carne (nuestra naturaleza pecaminosa) y Satanás junto con sus demonios (Gálatas 5:17; Efesios 6:12; 1 Juan 2:16).

Como creyentes dentro de la iglesia, el apóstol Pablo nos exhorta: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia” (Colosenses 3:12). Somos llamados a mostrar compasión hacia nuestros hermanos en Cristo. Warren W. Wiersbe, al describir lo que significa revestirse de compasión, señala que

“como creyentes, somos llamados a manifestar sentimientos tiernos de compasión los unos hacia los otros. Esto no es algo que se enciende y se apaga como un televisor; es una actitud constante del corazón que nos hace personas con las que es fácil convivir”.12

Por lo tanto, estamos llamados a soportarnos unos a otros, siendo amables y perdonándonos mutuamente nuestros pecados (Mateo 6:14; 18:35; Lucas 6:37; 17:3; Colosenses 3:12; Efesios 4:32). Satanás conoce bien esto y tienta a los cristianos a enfocarse en “la paja que está en el ojo de tu hermano” mientras no notan “la viga que está en su propio ojo” (Mateo 7:3). De esta manera, él provoca contiendas (1 Timoteo 6:4; 2 Timoteo 2:23; Tito 3:9; Santiago 4:1), chismes (Romanos 1:29; 1 Timoteo 5:13) y calumnias dentro de la iglesia (Mateo 15:19; 2 Corintios 6:8; 12:20; Efesios 4:31; Colosenses 3:8; 1 Timoteo 5:14; 6:4; 1 Pedro 2:1). Todo esto puede culminar en divisiones dentro de la iglesia, algo que Satanás desea profundamente. Él sabe que “todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá” (Mateo 12:25).

Cuando los cristianos pasan su tiempo enfocándose en las fallas y pecados de los demás, la iglesia pierde de vista su misión. Como iglesia, somos llamados a ser sal y luz para el mundo (Mateo 5:13–14). En parte, cumplimos este llamado mediante el amor que nos tenemos los unos a los otros (Juan 13:35).

Confiar en aquello que no se ve no es fácil, y Dios es invisible (1 Timoteo 6:16–17; Hebreos 11:27; Romanos 1:20). Por eso la fe juega un papel fundamental en nuestra vida cristiana, y sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Somos llamados a leer y meditar en la Palabra de Dios (Salmos 1:2; 119:97; 37:31; 40:8; 119:11; Josué 1:8; Job 22:22), pues ella nos revela quién es Dios y cuál es su voluntad. La lectura diaria de la Palabra nos ayuda a crecer en la fe (Romanos 10:17; 2 Timoteo 3:16; Salmos 119:105), y la meditación en ella profundiza nuestro conocimiento de Dios (Salmos 1:2–3) y fortalece nuestra seguridad en la fe (Hebreos 6:1).

El apóstol Pablo nos enseña que la fe es una de las armas que Dios nos ha dado para resistir los ataques del diablo: “En todo tiempo, tomad el escudo de la fe, con el que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16). Confiemos, entonces, en la Palabra de Dios para crecer en la fe y estar preparados para resistir al diablo.

Conclusión

Podemos ser rápidos en juzgar y condenar a otros por su incapacidad para cumplir con nuestras expectativas físicas y espirituales. Se nos enseña: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, se os medirá” (Mateo 7:1-2), y también: “confesar vuestros pecados unos a otros y orar unos por otros, para que seáis sanados. La oración de un justo tiene mucho poder, actuando eficazmente” (Santiago 5:16).

La iglesia no debe ser un lugar de condena, sino un hospital para los pecadores donde Dios nos sana. Es un lugar donde crecemos en el entendimiento y el conocimiento de la Escritura y de Dios. Aunque la iglesia es imperfecta en esta edad, Cristo ama a Su iglesia y murió por ella. Un día, nuestro Señor Jesucristo la presentará pura e irreprensible (2 Corintios 11:2; Efesios 5:26-27).

Por Christopher Andino


  1.  Carta 2, Párrafo 2. ↩︎
  2. Párrafo 2 ↩︎
  3.  Párrafo 2. ↩︎
  4. Párrafo 4. ↩︎
  5. Más sobre la santificación en la Carta 3. ↩︎
  6. J.I. Packer, Concise Theology: A Guide to Historic Christian Beliefs (Tyndale House Publishing, Carol Stream, Illinois, 1993), 201. ↩︎
  7. De ahora en adelante, a menos que se indique lo contrario, nos referiremos a la iglesia invisible como “la iglesia”. ↩︎
  8. John Calvin, Calvin’s Commentaries: A Harmony of the Gospels, Mathew, Mark, and Luke Vol. II, Tran. T.H.L. Paker, Ed. David W. Torrance, Thomas F. Torrance (The Saint Andrew Press, Edinburgh, UK, 1972), 75. ↩︎
  9. “Hipócritas y mentirosos” no es una descripción exclusiva de los incrédulos. Los creyentes también pueden, en ocasiones, actuar con hipocresía y mentir. Para profundizar más en el tema de los cristianos y la hipocresía, véase R. C. Sproul, “¿Está la Iglesia llena de hipócritas?”, 29 de octubre de 2009, consultado el 24 de enero de 2023, https://www.ligonier.org/learn/articles/church-full-hypocrites ↩︎
  10. Se hablará más del sufrimiento en el artículo correspondiente a la Carta 5. ↩︎
  11. La Biblia habla del mundo de tres maneras distintas. Primero, el mundo como cosmos o creación (Génesis 1; Romanos 1:20). Segundo, el mundo como las personas, es decir, la humanidad (Juan 3:16). Tercero, el mundo como un sistema de pensamiento o cosmovisión (1 Corintios 1:20–21, 27; 2:6; 3:19). Este tercer sentido del mundo es maligno (Gálatas 1:4) y está en oposición a Dios (Efesios 2:2). ↩︎
  12. Warren W. Wiersbe, The Wiersbe Bible Commentary: The Complete New Testament in One Volume (David C. Cook, Colorado Springs, CO, 2007), 686. ↩︎

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